Opinión

Del dicho al hecho hay mucho trecho, y los números no parecen tan claros y contundentes como se los presentan oficialmente

El Estado argentino ha asumido, a través de diversos tratados internacionales de jerarquía constitucional, obligaciones de ineludible cumplimiento más allá de la ideología del gobernante de turno.

El repliegue de Arredondo desde Córdoba es aprovechado por Roca para incrementar sus efectivos y instruirlos mientras va hacia Mendoza lentamente...Arredondo lo espera parapetado en una trinchera teniendo a un flanco el Río Tunuyán crecido y al otro un pantano.

Nadie en diciembre del año pasado, cuando Javier Milei aún no había terminado de acomodarse en el sillón de Rivadavia, siquiera imaginó los logros que tendría la gestión libertaria. Las dudas respecto de cuál sería la deriva de la administración recién instalada en el poder, y la caótica situación que heredaba el nuevo gobierno -de resultas de las torpezas inconcebibles del dúo Alberto Fernández - Sergio Massa- hacían pensar que el presidente estaría obligado a bajarse de sus convicciones y de forjar acuerdos con sus enemigos de la Casta.

Hay, siempre hubo, dos Maradona. El de dentro de la cancha, que es un genio universal. Y el de fuera de la cancha, que es un dechado de argentinidad, pero enfatizando en la mayoría de nuestros defectos culturales. Milei se siente como el Maradona de dentro de la cancha, pero muchas veces suele parecerse al de fuera de la cancha. Como ahora que acaba de descalificar impropia y groseramente e innecesariamente al fundador de la actual democracia (la más prolongada de la historia argentina), don Raúl Alfonsín.

Una nueva baja en el Gobierno en medio de un repunte de la popularidad del presidente.

El presidente Javier Milei tiene buenas razones para sentirse fortalecido. El sostenido descenso de la inflación, la caída del valor del dólar (y, consecuentemente, el estrechamiento de la brecha cambiaria), el éxito del blanqueo, el incipiente renacimiento del crédito y el consumo, la caída de la tasa de riesgo país son señales elocuentes, para el gobierno, de que “en adelante solo vienen buenas noticias”, como anticipó Milei a fines de septiembre en el acto partidario de Parque Lezama.

La reforma de hace tres décadas fue producto de un acuerdo, entre el peronismo, encolumnado tras el entonces presidente Carlos Menem, y el radicalismo, encabezado por el ex presidente Raúl Alfonsín.

La conjunción de intereses espurios sigue manteniendo un anacrónico relato defendido por dirigentes que pretenden sostener un ecosistema tan aventajado como injusto.

Muchos políticos incapaces de abrir su mente a formas comprensivas y armónicas de convivencia suelen recurrir a la justicia atrincherados defensivamente frente a cualquier asunto que no “cuadre” a sus intereses personales.

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