Opinión

“No os fiéis de las palabras, que sirven para deslumbrar y tergiversar las cosas; no os    
fiéis de vosotros, que podéis equivocaros; hechos, sólo hechos, que lo demás son nubes”.
 
- Santiago Rusiñol

La irrupción de Milei complicó al peronismo, pero aún más a quienes lo apoyaron. El PRO teme repetir la suerte de la Ucedé. El radicalismo no encuentra su lugar bajo el sol.

¿Realmente, quién es el verdadero Javier Milei? El presidente argentino y una pregunta con varios "disparadores".

“Nunca digas nunca” es una sentencia que por igual se acomoda como anillo al dedo a la vida y -por lógica consecuencia- a la política. Supongamos, al menos por un momento, que tres meses atrás, en plena campaña electoral, se le hubiese hecho llegar al Vaticano el interés de Javier Milei de visitar al Sumo Pontífice. Seguramente, la sutil diplomacia vaticana habría fruncido el ceño en muestra de desagrado. La respuesta del líder libertario habría sido idéntica a la de la curia romana si acaso ésta hubiese sondeado el ánimo de Milei respecto de su voluntad de viajar a Roma y entrevistarse con Francisco.

Nadie debería apresurarse a hacer pronósticos agoreros sobre el futuro del Gobierno de Milei porque esto recién empieza.

Más allá de las idas y venidas, las resistencias y los reacomodamientos que puede producir, ocho semanas en el poder fueron más que suficientes para que Javier Milei advirtiera que no podía continuar con su esquema original de gobierno y con su endeble presencia tanto en el Congreso como a nivel territorial, considerando provincias y gobiernos locales.

Aunque desde ciertos despachos del gobierno de Javier Milei se asegura que el viernes 1 de marzo el Presidente asistirá al Congreso para dar inicio al año legislativo con un discurso ante la asamblea de diputados y senadores, no faltan analistas que lo ponen en duda a la luz de lo ocurrido el último 10 de diciembre, cuando, en la fecha de su asunción, Milei desairó a las Cámaras y decidió hablar de espaldas al Palacio de las Leyes con la intención de ilustrar su vínculo preferencial con la “gente de bien” (como él llama a sus simpatizantes) y su desprecio por “la casta” (rótulo que aplica a políticos y sindicalistas, a menudo con alcance genérico pero a veces exceptuando a quienes le resultan menos incómodos). 

Dice un refrán, probablemente español, que de noche todos los gatos son pardos. Que de noche no podemos distinguir a un gato de otro gato. Los gatos son, en este caso, lo que por comodidad taxonómica vamos a denominar “derecha populista”: Trump, Bolsonaro, Orban, Meloni, Milei y cuantos gusten ustedes sumar. Hago, entonces, una sugerencia: ¿y si miramos a los gatos de día? Si los miramos de día los gatos son de distinto color, y el término derecha populista explicará algo pero no todo, porque lo que no explica es la especificidad de cada caso, los rasgos diferenciales. No explica, entonces, la historia. En otras palabras, necesitamos de la luz del día para reflexionar sobre Milei, sobre las causas de su aparición en la escena pública, sobre su posible destino político.

“Je t´aime¨…moi non plus” (“te amo…yo tampoco”) (título de una canción de los 60 de Serge Gainsbourg que alude a la irresolución de algunos individuos respecto del amor)

La condenada por robarle al pueblo argentino 1000 millones de dólares (técnicamente la condena fue por “administración fraudulenta” pero esa “administración” fue el medio usado para robar dinero público que los argentinos le aportan -con muchísimo sacrificio y, en muchos casos a costa de hambre y muerte- al fisco) emitió, como si fuera un dios del Olimpo un “documento” de 33 páginas en donde se da el lujo de criticar al gobierno de Javier Milei sin hacerse cargo de un solo miligramo del oceánico desastre que dejaron 20 años de kirchnerismo explícito.

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