Opinión

Todo parece estremecerse al conjuro de un cambio que el Presidente pregona sin cesar en las redes sociales. No obstante, si miramos con alguna perspectiva, podemos comprobar continuidades difíciles de doblegar.

El odio y la guerra del Presidente contra la política, no discrimina y puede volverse una guerra contra todos los argentinos.

El dramático aumento del índice que registra la pobreza entre nosotros -57,4 %- de las tarifas de los servicios públicos, de los precios de los alimentos básicos, tanto como la aparición de un severo proceso de naturaleza recesiva, el auge de los despidos a nivel nacional y la caída del poder adquisitivo, son otros tantos flagelos que resultaban predecibles antes de que Javier Milei se hiciera cargo de la presidencia de la Nación.

El Milei polemista y preocupado por sostener su narrativa de confrontación se convirtió en el principal enemigo del Milei presidente con su ambiciosa agenda de transformaciones

Dentro de un mes, apenas inaugurado el otoño, se habrán cumplido los primeros cien días del gobierno de Javier Milei. En los más de setenta que ya lleva trajinados, el líder libertario ha conseguido irrumpir en escenarios que nunca había frecuentado, fue recibido por el Papa y por las máximas autoridades de Israel e Italia, intercambia frecuentemente mensajes con personajes de  influencia global como Elon Musk, se entrevistará hoy con el Secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken y probablemente comparta público durante el fin de semana con Donald Trump en Washington, en la Conferencia de Acción Política Conservadora que congrega dirigentes e intelectuales de la derecha mundial. En muy poco tiempo Milei logró ser nítidamente distinguido en esos niveles.

En Argentina, muchos no podrán desempeñar los “empleos de calidad” de los que se habla, porque no sabrán descifrar las instrucciones que deberían dominar antes de ponerse a trabajar.

El multilateralismo buscó ponerse por encima de las relaciones internacionales basadas en el poder, pero ahora quiere ser dejado de lado por el retorno de la ideología de la fuerza

El ocaso de muchos políticos comienza cuando se vuelven muy sensibles a la sugestión y no al razonamiento; al cultivo de imágenes y no a ideas con algún fundamento de tipo académico; al apego a apotegmas vulgares y no a una argumentación lógica.

Confieso que una de las frases de los economistas en el debate de ayer (aunque el sentido con el que él la dijo tenía el componente positivo de creer que la dolarización era una gran herramienta para la solución de los problemas económicos) a mí me dejó no solo preocupado sino con la profundización de la convicción de que ni siquiera el éxito económico de un determinado programa salvará a la Argentina si, al mismo tiempo, no se logra sepultar una determinada mentalidad que, por los hechos históricos, ya ni siquiera podemos llamar “peronista”, sino que habría que llamar, directamente, “mentalidad argentina”.

Hay que reconocerle al Presidente su habilidad comunicacional para generar atracción hacia la agenda que él pretende imponer. Vía descalificaciones, acusaciones, insultos y otras yerbas similares intenta plantear la batalla política y cultural.

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