Opinión

 

 

Las tres tácticas de urgencia que lanzó el Gobierno nacional de cara a un año electoral.

 

 

Todo libro contiene dos o tres páginas secretas donde se localiza no el propósito aparente de su autor, sino la razón honda y visceral de su obra. Ese núcleo puede encontrarse en la página 193 de Mi camino, donde María Eugenia Vidal rechaza la condición de halcón y asume definitivamente su vocación de paloma: allí comienza a recitar su catecismo consensual y a describir la grieta como la gran tragedia argentina.

 

 

“Ver cometer un crimen en calma, es cometerlo”
- José Martí.

 

 

El Gobierno camina con dificultades crecientes hacia un punto electoral inquietante y remoto

 

 

Fernández mató varios pájaros de un tiro, por eso es oportuno poner el triste cartelito posdiscurso.

 

 

¿Está el país en condiciones de aprovechar la oportunidad que se abrirá en la próxima década? ¿Podremos ordenar nuestras prioridades para integrarnos al sistema internacional?

 

 

En esta “segunda ola” no podemos caer nuevamente en la falacia de enfrentar a la salud con economía

 

Aunque no faltan comentaristas que, con lenguaje de vísperas, imaginan constantemente alguna gran ruptura o alguna inminente catástrofe decisiva, pese a atravesar una fase dramática de la pandemia (con alta detección diaria de contagios, gran número de bajas y recursos sanitarios próximos al agotamiento) la Argentina coquetea con una crisis política, pero en el borde termina eludiéndola.

 

 

No hay caso. Si en medio de esta crisis pavorosa, desencadenada por efecto de la pandemia planetaria, la brecha que divide a los argentinos no hace más que ensancharse, las posibilidades de consensuar políticas de estado -cuestión de la que se habla una y otra vez- resultan remotas.

 

Que la palabra publica este completamente devaluada queda fácilmente demostrado por el hecho que todavía se le factura a Raúl Alfonsín el mítico “Felices Pascuas. La Casa está en Orden” cuando a Alberto Fernández ya ni se le escuchan sus contradicciones que dentro de poco tendrán lugar en la misma oración que enuncia. (Encima, esa frase de Alfonsín nunca existió así, la hace aparecer cínica. Comenzó su discurso con el “Felices Pascuas”, pero mucho después, lo finalizó con un “La casa está en orden y no corre sangre en la Argentina”).

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