Opinión

 

El dos veces Secretario de Defensa murió a los 89 años. En sus memorias aseguró que la remoción del brutal régimen de Saddam Hussein había contribuido a crear un mundo “más estable y más seguro”

 

 

El gobierno ha dispuesto, manu militari (como hace todo, porque son combatientes por vocación) que solo dos aviones por día con argentinos residentes o con residentes extranjeros que trabajan en el país puedan ingresar al país por el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Además, obliga a todos los que llegan con doble PCR negativo (el que se hace afuera del país y el que se hace al arribo) a un aislamiento obligatorio de una semana en un hotel compulsivamente elegido por el Estado pero pagado por el pasajero.

 

 

Pesimista u optimista, la sociedad comparte en su mayoría una visión fatalista del porvenir, pero, aunque el presente es angustiante, nada está escrito en piedra

 

 

Con los viajes al exterior, el Gobierno se venga de la clase media que no puede domesticar. Pero, además, muestra la superlativa falta de respeto con que considera a sus compatriotas. Primero, las medidas que impiden u obstaculizan el traslado libre de argentinos para regresar a su país pasan por encima de garantías constitucionales.

 

 

En uno de sus interesantes escritos sobre cuestiones de fe, Fernando Savater nos recuerda que los sociólogos hablan dedos tipos de conducta que caracterizan la personalidad de la raza humana. 

 

Alberto Fernández se enoja y nos reta. Un presidente no debe insultar ni siquiera cuando lo asiste la razón porque su investidura le exige mirar más alto, más lejos.

 

El Presidente y algunos miembros de su gobierno acumularon varios desaciertos en los últimos días

 

“El plan es dar trabajo a millones de argentinos”, dicen. Eso no es un plan. Plan sería explicar cómo hacerlo. 

 

 

Un proyecto en tratamiento en la Cámara de Diputados busca derogar la ley que creó las sociedades de acciones simplificadas (SAS); desde su sanción en 2017, se registraron 40.000 sociedades

 

El poeta, que leía muy temprano los periódicos, se asomó a su balcón del hotel Grand Saint Michel y gritó a los cuatro vientos: “¡Se cayó el hombre!”. Y todos los exiliados que pernoctaban en los alrededores se removieron nerviosos, en la esperanza de que fuese su propio dictador y no otro el que acababa de ser depuesto.

 

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