Opinión

 

 

La puja por el control y la asignación de recursos es uno de los principios (des) ordenadores de la política. Si existen arreglos institucionales adecuados, esa energía se canaliza de forma competitiva y contribuye a mejorar la oferta electoral para que los ciudadanos elijan de acuerdo con sus valores y preferencias.


 

 

El miércoles 9, en vísperas del primer aniversario del gobierno del que forma parte destacada, la señora de Kirchner emitió un nuevo manifiesto a través de las redes sociales.

 

 

 

Balance de la performance de gestión que tuvo el experimento electoral de Cristina Kirchner y su presidente designado.


 

Cuando se cumplieron los primeros 6 meses del mandato de Alberto, en la columna “6 Meses Tormentosos”, hicimos la siguiente reflexión:

 

 

Hace un año, en medio de la algarabía de sus simpatizantes, Alberto Fernández se sentaba en el sillón de Rivadavia. Nadie podía imaginar entonces que, a las asignaturas pendientes que arrastraba el país y a la desafortunada herencia recibida de la administración anterior, el presidente pronto debería sumarle una preocupación de mayor calado: la pandemia.

 

 

A un año de la llegada del cuarto kirchnerismo al poder hablemos de igualdad. Después de todo, esa es la cantinela con la que baten el parche estos muchachos: la idea que ellos buscan un país con igualdad.

 

 

 

Es difícil realizar una evaluación de este primer año de los Fernández (Alberto y Cristina) rigiendo formalmente los destinos de este país bajo una situación tan extraordinaria en la que tuvo que desempeñarse un gobierno cuya performance ha sido extraordinariamente mala.

 

 

 

El gobierno argentino insiste en el silencio y la abstención frente a las graves violaciones a los derechos humanos en Venezuela

 

Cuando alguien que ha disfrutado siempre de una gran fortuna sin hacer nada por los pobres durante años, intenta reciclarse repentinamente como un campeón del asistencialismo, mueve, cuanto menos, a sospecha.

 

 

Casi ningún comentarista se quedó con ganas de decir que el velorio de Maradona fue una metáfora de la Argentina. La idea de que los tropiezos públicos, los escándalos, la ineficacia, son metáforas nacionales, está en boga.

 

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