Carlos Berro Madero
La información divulgada hoy día por las huestes “K” y el PJ, donde se mezclan censuras con libertades sospechosas, no contribuye a desarrollar un pensamiento crítico con bases sólidas para vastos sectores de una sociedad sumergida en la incultura, la irracionalidad y el vandalismo consiguiente.
El politólogo estadounidense Samuel Huntington señala en su obra “Choque de Civilizaciones” que la fe, la familia, la sangre y las creencias, suelen ser las cosas con las que se identifican los individuos y por las que siempre lucharán y morirán.
El intento por hacer un análisis de la realidad política resulta cada día más difícil, porque sentimos estar viviendo frente a una suerte de bolsa de gatos que luchan entre sí desesperadamente para salir de ella.
Si algo caracteriza al mundo moderno es la existencia de una ola desatada por pasiones que oscilan entre la libertad irrestricta y los derechos de minorías supuestamente sometidas.
La reciente sesión del Congreso para tratar el desafuero del polifacético y corrupto senador Kueider (un “travestido” kirchnerista), mostró una vez más la gestualidad habitual de los K: el dedo medio (“fuck you”) dedicado por Parrilli a sus fracasados enjuiciadores de ese día por razones semejantes: el memorándum con Irán.
El gobierno de Javier Milei ha servido para poner en evidencia una vez más la manera con que la izquierda nacional –autoproclamada “socialismo progresista”-, sigue consumida por una hoguera de creencias que alimentan un “sindicato” de intereses, como ocurre en muchos otros países.
“Si aspiramos a ser lo que pretendemos ser, tenemos que tener mucho cuidado con lo que pretendemos ser”
-Kurt Vonnegut
Ya no existen “zonas en blanco” en un universo que se ve desbordado por imágenes y comentarios de sucesos ocurridos en tierras muchas veces ignotas, como sostiene Bauman.
Cristina Fernández arrastró siempre por la vida su origen plebeyo y controvertido, identificándose como émula de Napoleón y los arquitectos egipcios, habiendo llegado a proclamarse “abogada exitosa” ante estudiantes que la interpelaron por el origen de su fortuna personal durante una visita realizada a la Universidad de Harvard, sin que nunca haya puesto su firma en tal carácter en algún escrito jurídico que se conozca.
Muchos políticos incapaces de abrir su mente a formas comprensivas y armónicas de convivencia suelen recurrir a la justicia atrincherados defensivamente frente a cualquier asunto que no “cuadre” a sus intereses personales.
La identidad de “La Libertad Avanza” de Milei está constituida por ciertos rasgos comunes de quienes la conforman: afirmarse utilizando la sorpresa como característica principal.
“Hay mucho para decir sobre los fracasos y siempre es más interesante hablar de ellos que de los éxitos”
-Max Beerbohm, caricaturista británico
En momentos en que recrudecen las críticas al gobierno de Javier Milei por lo que “todavía no ha logrado” (sic), muchos políticos profesionales y sus usinas periodísticas favoritas omiten cualquier mención a los aciertos de quienes están cambiando la cultura popular respecto de la antinomia entre austeridad y dispendio.
De la misma manera que amar el bien es santidad y salud de la voluntad, ver la realidad es sensatez y salud del entendimiento, a pesar de lo cual hay seres humanos que se conforman a sí mismos recibiendo la influencia del pensamiento de otra gente adoptándolo como propio, adquiriendo de tal modo idénticas inclinaciones.
“La apuesta a una sociedad abierta, evoca siempre la experiencia aterradora de una población heterónoma, desventurada y vulnerable, abrumada por fuerzas que ni controla ni entiende del todo”
-Zygmunt Bauman
Existe una zozobra generalizada respecto de la política de estos últimos días, que provoca en la sociedad una sensación de agonía y dolores de parto, y ganan en intensidad a medida que debe resolverse el destino de leyes que pueden condicionar severamente los planes del gobierno del Presidente Milei.
La política argentina se ha convertido en una comedia de equivocaciones que han terminado sumergiendo a la sociedad en una verdadera tragedia griega.
Los más conspicuos representantes del ideario político kirchnerista, sostienen que en todas las trayectorias del poder político debe fomentarse el dictado de leyes “objetivas”, que impidan la libre voluntad del individuo y lo restrinjan a un ideario preestablecido.
La sociedad capitalista es una democracia de consumidores que emiten su voto diariamente en el mercado y ejercen su derecho a no convalidar cualquier mercadería y cualquier precio que traten de obligarles a aceptar compulsivamente, como señala Ludwig von Mises.
“Lo único que convierte a un individuo en un perfecto perdedor, es la práctica”
-Ernest Hemingway
El filósofo estadounidense William james (1842/1910), fundador de la “Psicología Funcional”, sostenía que a menudo nuestra fe anticipada respecto de un resultado incierto, es lo único que lo transforma finalmente en verdadero, siempre y cuando no anime a nuestro espíritu la pretensión de dar un salto de cincuenta metros hacia adelante, lo que resulta imposible de lograr, queramos o no.
La velocidad de los mensajes cargados de imágenes, supuestamente “comprometidas”, que llegan a nuestros sentidos hoy día, nos vuelve dependientes de las convenciones culturales sobre su significado cuando más complejos son los problemas que nos afectan.
El gobierno de Javier Milei debería tener presente las recomendaciones del filósofo madrileño Ortega y Gasset, a fin de no desviar el camino de sus objetivos de largo plazo: sacar al país de su estancamiento.
Existe una gran diferencia entre problemas y preocupaciones. Estas últimas crean un intríngulis que no le permite a la mente humana distinguir las razones por las cuales han surgido, y poder obrar en consecuencia.
El miedo al futuro está profundamente arraigado en la sociedad argentina desde hace años y conspira contra cualquier energía necesaria para erradicarlo. Es un miedo que no ha cesado de reproducirse y amenaza con perpetuar un escenario de fracasos, producidos por ilusiones de movimiento perpetuo hacia ninguna parte.
Cambiar implica siempre un ensanche de la brecha entre lo que creemos y lo que realmente es, entre las imágenes existentes en la realidad y lo que presumimos deberían reflejar.
La izquierda burguesa es a la vez intolerante y contradictoria. Intolerante por rechazar que exista algo fuera de ella. Contradictoria, porque sus repetidos fracasos no la inducen a reconsiderar jamás el mantenimiento de sus principios.
Los críticos de Javier Milei parecen desconocer el cuadro de la evolución determinado por el astrofísico franco canadiense Hubert Reeves, quien describe el ajuste de las distintas etapas de un itinerario, en donde cada una de ellas va preparando a la otra de manera inteligente, poniendo en vigencia el principio de la continuidad.
El avance incontenible de las nuevas tecnologías audio visuales, “derraman” hoy como un torrente las características de muchos acontecimientos de orden político y social que acarrean el sufrimiento, la fortuna o el despilfarro ocurrido en lugares remotos, que llegan a nuestro conocimiento casi al instante en que se producen los hechos.
La fe es necesaria para asumir las contradicciones y paradojas que la vida expone al hombre, quien muchas veces debe recurrir a este “partenaire” sobrenatural para sobrevivir.
Como Sarita Montiel actuando en un destartalado cabaret de Barcelona en la recordada película del mismo nombre, Cristina Fernández cedió a la presión de un minúsculo grupo de leales que la animaron a reingresar al primer plano de la política “por la puerta grande”.
La herencia de 70 años de peronismo y 20 de kirchnerismo –cultores ambos de un detestable autoritarismo verticalista, al que algunos de sus fanáticos definen como “aquellos buenos tiempos” (¿)-, nos ha legado un escenario revulsivo, donde nadie debate los problemas con fundamentos racionales que respeten la diversidad de ideas y opiniones.
La filosofía adelanta como intuición mucho de lo que luego se verifica empíricamente en el campo de la investigación científica.
Los nuevos vientos que soplan desde la Casa Rosada evidencian el objetivo manifiesto de encerrar a todos los políticos y funcionarios públicos en un dilema hamletiano: “ser o no ser”.
La historia confirma que los argentinos hemos propiciado durante años sucesivas transformaciones políticas y sociales “voluntaristas”, que nos impidieron aglutinarnos alrededor de algún proyecto totalizador, quedando presos de una suerte de utopía cultural en la que estamos sumergidos hasta el cuello.
La política grande es la política de la conveniencia pública, y el arte de un gobierno debe consistir en sumar la razón y la moral a las funciones de quienes lo ejercen.
Como si no tuviéramos poco con qué lidiar en estos días, hay algunos “trascendidos” que anuncian una futura guerra por el liderazgo del peronismo kirchnerista entre pendejos: Máximo Kirchner y Axel Kicillof. Dos jóvenes con maduración tardía que son reflejo de lo mal que anda el multifacético movimiento en materia de elecciones políticas.
Cuando la acción política se circunscribe a un debate interminable sobre las teorías “ilustradas” de quienes construyen su poder a través de la desinformación, la sociedad queda atada a una perniciosa vocación “regeneracionista”.
A medida que vamos descubriendo la personalidad del Presidente Milei, advertimos su convencimiento de que el país es prácticamente ingobernable de la forma en que lo ha encontrado y se debe propiciar una apertura a estrategias diferentes para solucionar los problemas que nos aquejan.
Juzgar bien depende siempre de la calidad de percepción que se tenga sobre lo que ocurre en el ámbito de la realidad. No obstante, puede observarse que muchos individuos suelen hacer suposiciones totalmente desviadas de lo que sucede a su alrededor, quedando impedidos de analizar con acierto los objetos que les rodean.
Muchos investigadores sostienen que el comienzo del universo tiene un “sentido”, y tiende hacia una meta que persigue la obtención de un estado de plenitud en todas sus etapas; lo cual supone preservar el pasado creando nuevas estructuras que configuran el dar “un paso hacia adelante”.
La sensación de peligro desencadenada en nuestra sociedad por décadas de políticas extraviadas y corruptas terminó empujando a mucha gente a buscar cobijo en gobiernos que socavaron sus derechos civiles a cambio de fidelidad, llevándola a ser cada día menos libre.
El ocaso de muchos políticos comienza cuando se vuelven muy sensibles a la sugestión y no al razonamiento; al cultivo de imágenes y no a ideas con algún fundamento de tipo académico; al apego a apotegmas vulgares y no a una argumentación lógica.
“Je t´aime¨…moi non plus” (“te amo…yo tampoco”) (título de una canción de los 60 de Serge Gainsbourg que alude a la irresolución de algunos individuos respecto del amor)
Buscando reforzar su imagen, la izquierda, el kirchnerismo y los aliados supuestamente “responsables” del mileísmo puro, llenan el aire de palabras augustas para explicarnos que ellos (partícipes de los errores cometidos para que llegásemos a esta aguda crisis social), son los dueños exclusivos del sentido común porque practican un equilibrio “moderado” (¿).
Elevar el nivel del intelecto humano, presupone reordenar los sentimientos de un individuo a fin de que pueda cultivar el único instrumento que le permite evaluar las diversas circunstancias que lo rodean: el razonamiento.
Cuando una supuesta “identidad cultural” solo sirve para el desarrollo de políticas que tratan de justificar una suerte de dictadura conceptual para disimular sus fracasos y perpetuar sus imposturas, nos lleva a vivir en una deformación del verdadero espíritu republicano.
“El progreso es imposible sin el cambio, y aquellos que no quieren ni pueden cambiar sus mentes, NO LOGRAN CAMBIAR NADA”
-George Bernard Shaw
El estado de libertad en el seno de la sociedad proviene siempre de una pluralidad de fuerzas que se resisten y equilibran al mismo tiempo, con el fin de promover el bien común. Esa es, en prieta síntesis, la esencia filosófica del liberalismo.
En vez de usar constantemente el espejo retrovisor de nuestra mente, atándola con cadenas al pasado, deberíamos concentrarnos cuanto antes en el estudio de un futuro posible, para una sociedad maltrecha por la anomia popular y la cortedad de miras de sus dirigentes.

